viernes, 29 de diciembre de 2017

Los alimentos en Europa oriental, peores que los de occidente

En Hungría, y en otros países del este de la Unión Europea, ha habido cierta polémica reciente al publicarse en los medios de comunicación algo que sus ciudadanos saben perfectamente desde hace tiempo, pero que no iba más allá de comentarios entre amigos o vecinos: que los productos de alimentación que las multinacionales venden en sus supermercados y otras cadenas mayoristas, son de peor calidad que los de la misma marca de las tiendas de Europa occidental. Lo publicaba por ejemplo el diario húngaro Index, denunciando el caso eslovaco y posteriormente el propio húngaro. El caso es que esta noticia ha llegado incluso a España, puede leerse en esta entrada de El País. Y en esta otra entrada de forma gráfica.

Esto es algo que cualquiera puede comprobar fácilmente, basta con entrar a cualquier supermercado húngaro (o checo, o eslovaco) y ver que los alimentos que allí se venden, o bien son de las mismas marcas que en España o Alemania, por ejemplo (Danone, Coca-Cola, Nestle, Kraft...) o bien mantienen la marca original húngara pero esta forma parte de alguna gran multinacional de la alimentación (básicamente de las mencionadas antes). En el primer caso son alimentos "globales" como yogures, refrescos o pastas, en el segundo suelen ser productos típicos húngaros que por ello se venden prácticamente en su totalidad en Hungría.

Si compramos y probamos algunos de los alimentos que mencioné en el primer grupo, en muchos casos veremos que son de peor calidad, composición y/o sabor que el mismo que podríamos conseguir en Europa occidental. Pizza con menos queso, salchichas con menos carne, chocolate con menos cacao, zumo con menos fruta... son algunos ejemplos. En el estudio publicado, las comparaciones eran con Austria, por cercanía. Y de hecho, en los típicos viajes, por ejemplo a Viena (2 horas desde Budapest), es muy habitual ver a los húngaros con bolsas de compra llenas de chocolates y dulces, algunos típicos de Austria, pero otros pueden adquirirse en cualquier supermercado húngaro, aunque su calidad es indiscutiblemente mejor en el país germánico.




Estas fotos están tomadas del artículo de El País al que me refería al comienzo de la entrada. Puede comprobarse como los mismos productos son en Hungría, comparados con Austria, de peor composición. Aunque puede argumentarse que también son más baratos, no hay que olvidar que los alquileres de las tiendas y los salarios son infinitamente más baratos en Hungría comparados con Austria. Por, ello, los beneficios probablemente sean incluso más elevados en proporción.


Esto no es algo que haya pillado por sorpresa, en absoluto. Viene a confirmar algo que ya sabíamos cualquiera que vivimos o hayamos vivido en los países de la antigua Europa socialista. De hecho, cuando yo vivía en Hungría, recibía continuamente paquetes desde España en los que me enviaban no solo los típicos envases de jamón o lomo ibéricos (productos típicos españoles más difíciles de encontrar en el extranjero, al menos por entonces, ahora es más fácil), sino también cosas más sencillas como latas de atún o de aceitunas, y otros productos que podía obtener fácilmente en Hungría, aunque allí eran de peor calidad y más caros que en España. La cosa se confirmó cuando mis compañeros de la facultad (de otros países como Suecia, Noruega o Alemania) me contaron que hacían exactamente lo mismo. No solo sus familiares o amigos les enviaban productos típicos de sus países, sino que también recibían alimentos fáciles de obtener en cualquier tienda húngara (el típico ejemplo es la Nutella), argumentando que los de su país eran mejores. Y no es que fuera un arranque de patriotismo, en absoluto, sino que podía confirmarse objetivamente haciendo la prueba. Ignoro la de toneladas de alimentos que llegan solamente a los estudiantes extranjeros de mi facultad, desde luego las empresas de transporte hacen su Agosto gracias a esto.

Pero, ¿porqué pasa esto? Bueno, en algunas entradas más antiguas de este blog, analicé desde mi punto de vista cómo había sido la transición de la economía planificada a la economía de mercado en los países de la antigua esfera socialista (como Hungría). Si alguien tiene tiempo y curiosidad, puede leerlas haciendo click aquí y aquí. Además, hay que tener en cuenta que el mercado de la alimentación, que cuenta con un sinfín de diferentes productos y marcas, está controlado por 10 multinacionales, como refleja este artículo en español de la BBC. Y que, al desembarcar en la antigua Europa del este, disfrutan de un monopolio aún mayor que el de Europa occidental, sin que exista la competencia a sus productos (y si existe la compran rápidamente). Vamos, que pueden hacer lo que les de la gana, como se ha comprobado en este estudio. Y es que el mercado no es libre, sino que lo tienen "atado y bien atado".

sábado, 16 de diciembre de 2017

Viaje por bodegas y balnearios de Hungría (IV) : Miskolctapolca

Después del intenso día en Eger y sus alrededores, decidimos pasar un día de descanso en el balneario de Miskolctapolca. De esta pequeña localidad de apenas 5.000 habitantes ya he escrito previamente en el blog, debido a su famoso balneario dentro de la montaña (véase esta entrada antigua sobre balnearios de Hungría). Es toda una experiencia visitarlo: en lugar de ser el clásico balneario a cielo abierto, está excavado en el interior de una montaña, mediante galerías y salas interiores bajo la roca. Además, tiene una parte al aire libre. El único inconveniente es la relativa lejanía desde Budapest: la cercana ciudad de Miskolc está a 2 horas en tren, algo menos en coche. Y desde allí hay que desplazarse al cercano pueblo de Miskolctapolca.

De modo que partimos en nuestro coche de alquiler recorriendo la pintoresca y serpenteante carretera que atraviesa el parque nacional de Bükk por sus montañas, hasta llegar a Miskolc, un camino de mayor belleza que la autopista M3 (opción más rápida). La anterior vez que hice este mismo recorrido era pleno otoño y la variedad de colores y el manto de los hojas de los árboles daban aún más encanto a este tramo, probablemente una de las carreteras con mejor paisaje de toda Hungría.

En esta ocasión no tuvimos tiempo de visitar la ciudad de Miskolc. De ella hay una entrada que ente blog que puede leerse haciendo click aquí. Mencionar brevemente que es una de mis ciudades favoritas de Hungría, pese a la injusta fama que tiene en el país. Ganó importancia histórica tras el tratado de Trianon, cuando la ciudad de Kassa, cabecera de la región, pasó a formar parte de Eslovaquia. En la época socialista se instaló una importante red de industrias pesadas metalúrgicas, que hizo que la ciudad sobrepasara los 210.000 habitantes a finales de los años 80. Con la caída del socialismo y la implantación del nuevo régimen económico, las fábricas cerraron y la ciudad inició un descenso económico y demográfico en picado. Hoy en día apenas quedan 150.000 habitantes (ha perdido más de un cuarto de la población), tiene una de las tasas de paro más altas del país y la gente joven emigra en masa a Budapest y al extranjero en busca de una vida mejor. Pese a todo esto, Miskolc está en una de las zonas más bellas de Hungría: situada a los pies de las montañas de Bükk, en un hermoso valle, con zonas vinícolas propias y otras cercanas como Tokaj, balnearios espectaculares como el de Tapolca, y un centro urbano restaurado hace unos años que le da un encanto especial a esta capital de provincias. Plazas como la Szinva terasz, Hősök tere, la avenida Szechényi, la callecita Deryné... tienen un encanto especial. Los cercanos pueblos de Lillafüred o Alsohamor atesoran también gran belleza. Por todo ello la ciudad ha intentado impulsar el turismo, sin embargo, es bastante desconocida para los extranjeros y tiene esta fama postindustrial para los húngaros. Es cierto que Miskolc no es Bilbao, no ha sufrido una espectacular transformación de ciudad industrial a ciudad de servicios, y aún hay decenas de fábricas en ruinas, chimeneas y cientos de viviendas deshabitadas, que deslucen mucho la ciudad, pero todo ello, lo bueno y lo malo, es Miskolc, y le da su encanto particular.


Estatua de las chicas de Miskolc (Miskolci lanyok) en Szinva Terasz.

Plaza Erzsébet en Miskolc.


Volviendo al tema central de esta entrada, como dije, nuestro día no tenía más pretensiones que disfrutar de una agradable jornada de descanso en la pequeña villa termal de Miskolctapolca, disfrutando de su balneario, sus parques y su lago artificial. Aparcamos el coche a la entrada, en uno de los aparcamientos de pago que hay (funcionan mediante ticket horario que se adquiere en las máquinas automáticas, dejándolo posteriormente colocado en el salpicadero). No recuerdo el precio exacto, pero no es caro.

El balneario está abierto todos los días de 9 a 20 horas, cerrando las piscinas a las 19.30 y dejando la última media hora para ducharse y cambiarse de ropa. El ticket que nosotros adquirimos, y que considero más práctico es el combinado para 4 horas (que incluye el uso de todas las zonas del balneario por 3250 forint, unos 10 euros), aunque hay que tener cuidado con el límite de tiempo, no obstante 4 horas es suficiente. En la página web del balneario que os dejo en este link en inglés, donde puede consultarse el horario así como los tipos de entradas y sus precios.



Balneario de Miskolctapolca.
(fuente: barlangfurdo.hu)


En verano hay más gente y bastantes niños, por lo que en ocasiones puede parecer más un parque acuático que un verdadero balneario. La anterior vez que estuve fue un mes de Febrero entre semana, y prácticamente no había nadie más excepto nosotros.

Dentro del balneario hay chiringuitos de bebida y de comida, donde se pueden probar platos típicos como el langós, zumos de frutas naturales, mojitos, platos combinados, helados, hamburguesas y perritos... Aunque al tener un tiempo limitado de 4 horas no le dedicamos mucho tiempo a este tema,  ya que fuera del balneario, dentro del propio pueblo hay varios restaurantes donde se come genial y tienen precios bastante asequibles.



Balneario de Miskolctapolca.
(fuente: balangfurdo.hu)


En los alrededores del balneario hay una serie de parques y jardines por donde se puede dar un agradable paseo. También hay un estanque artificial con patos y donde se pueden alquilar pequeños barcos.

En definitiva, Miskolctapolca ofrece un balneario único, en el interior de la montaña, y es una experiencia imprescindible si pasamos cerca de este lugar, y recomendable incluso si se está en Budapest y se tiene tiempo de sobra. Para llegar a este lugar, lo mejor es alquilar un coche o contratar un servicio de transfer. En transporte público, hay que viajar a la estación de tren de Miskolc (los trenes parten desde la estación de Keleti de Budapest), al llegar a Miskolc tomar el tranvía hasta la estación de autobuses (Buzá tér), y desde allí tomar el autobús urbano número 2, que nos dejará en la última parada de su recorrido en Miskolctapolca.



Parque y lago junto al balneario de Miskolctapolca.


En cuanto a bodegas, la propia ciudad de Miskolc tiene una pequeña zona de bodegas, concretamente en la parte de la ciudad que está en la ladera de la colina Avas. En estas pequeñas y empinadas calles pueden degustarse algunos buenos caldos húngaros. Cuando yo estuve esta zona estaba de obras, como puede verse en la siguiente fotografía. Además, muy cerca se encuentra el pueblo de Tokaj, famoso a nivel mundial por sus vinos, especialmente la variedad Aszú, un vino dulce cuyas botellas pueden llegar a venderse por cientos de euros cada una.


Bodegas en la colina Avas de Miskolc.

martes, 12 de diciembre de 2017

Viaje por bodegas y balnearios de Hungría (III) : Eger y alrededores

Tras un intenso día en Budapest, toca dejar atrás la frenética capital húngara para comenzar un viaje recorriendo las provincias húngaras y disfrutar de su tranquilidad, su gente, su gastronomía, sus regiones vinícolas y sus fuentes termales. Y es que, si bien los balnearios de Budapest gozan de fama mundial, hay docenas de balnearios en provincias, mucho más económicos y tranquilos, que dan a toda Hungría un gran potencial turístico termal. De los vinos húngaros ya he escrito en este blog, por ejemplo en esta entrada sobre las regiones vinícolas de Hungría. Algunos, como los de Tokaj, tienen fama mundial, pero los caldos húngaros son de muy buen calidad en general, y muchos de ellos con precios bastante competitivos. En casi todas las zonas del país existen viñedos y bodegas, que pueden visitarse. Uniendo estos dos líquidos, el vino y el agua termal, comenzamos este viaje.

Tras 24 horas en Budapest, alquilamos al día siguiente un coche que nos llevaría durante una semana por Hungría (dejo aquí un link a una entrada antigua de este blog sobre las carreteras húngaras, para quien esté interesado en conducir por este país). En un abrir y cerrar de ojos estábamos conduciendo por la autopista del noreste, la M3, rumbo a la ciudad de Eger, nuestra primera parada del viaje.

Situada a unos 150 kilómetros de Budapest (algo menos de 2 horas de viaje en coche), esta pequeña ciudad de poco más de 50.000 habitantes es la capital de la provincia de Heves. Se encuentra a los pies de las montañas Bükk, que pese a su escasa elevación (960 metros la altitud máxima), atesoran bosques, lagos, valles y pueblos de gran belleza. Son, además, la antesala de la cordillera de los Cárpatos. Eger es famosa por su castillo, la batalla a la que da nombre, su vino Bikavér y sus balnearios.


Dobó tér, centro de Eger.


Para comprender la fama de su vino, hay que remontarse al año 1552, cuando un grupo de apenas 2.000 soldados húngaros logró defender Eger de unos 80.000 soldados turcos que asediaron la ciudad. Eran tiempos de la ocupación otomana de gran parte del territorio del antiguo Reino de Hungría. Las leyendas cuentan que los soldados otomanos estaban sorprendidos por la valentía y la fuerza del ejército húngaro, cuyos hombres llegaban a la batalla con la boca y las ropas manchadas de un líquido rojo oscuro. Los turcos pensaron que lo que ocurría era que los soldados magiares bebían sangre de toro antes de luchar, la cual les confería una fuerza y valentía desproporcionadas. La realidad es que el mágico brebaje era sencillamente el vino de la región, y los efectos del alcohol eran los que les hacían perder el miedo a morir en combate. Desde entonces, al vino producido en Eger se le ha llamado sangre de toro (bikavér en húngaro) hasta el día de hoy.

Si a todo esto, además, le añadimos que la mejor zona para degustarlo es un lugar llamado el Valle de las mujeres hermosas (Szépasszonyvölgy), situado en las afueras de la ciudad, queda claro que Eger tiene que ser una parada fundamental en todo viaje enológico a Hungría.


Bodegas en el Valle de las mujeres hermosas. Se internan dentro de la montaña a través de largas galerías.


Como mencioné, este valle se encuentra a las afueras de la ciudad, por lo que para visitarlo, o bien una persona se queda sin beber y conduce el coche de vuelta, o bien se va y se viene en taxi. Generalmente la segunda opción es la más utilizada, y la que nosotros escogimos, ya que, además, sale bastante económico. El valle, al cual se accede caminando por una calle llena de restaurantes que parte desde la parada de taxi, tiene forma más o menos circular, y en las pequeñas colinas que lo rodean se encuentras las bodegas, excavadas en la roca, situadas una junto a la otra. Dentro de estas bodegas se mezclan el olor de la piedra, la humedad del interior de la montaña, y el sabor del vino, bajo la tenue iluminación de las lámparas, que le confiere un encanto especial. Los caldos se pueden acompañar en muchas bodegas de tablas de quesos, embutidos o el famoso zsiróskenyér, que es una rebanada de hogaza de pan untada con grasa, espolvireada con pimentón y con rodajas de cebolla. En los últimos tiempos, se han comenzado a añadir muchas más cosas al zsíroskenyér, desde vegetales a carnes.



Bodega Hagymási, en Szépasszonyvölgy.


Es recomendable entre vino y vino picar algo, para mitigar los efectos del alcohol, ya que hay más de 40 bodegas, aunque no todas están abiertas al público. Algunas de mis favoritas son: Hagymási, Petrény y Sike, pero como dije hay un montón, están todas seguidas, y la entrada a ellas es más bien intuitiva, salvo que uno sea experto en vinos de Bikavér. Pueden visitarse al mediodía o a la tarde-noche, yo personalmente siempre he venido a la tarde-noche, aunque no demasiado tarde, pues muchas cierran relativamente pronto, y a partir de cierta hora ya no dan nada de comer para acompañar al vino. Muchas veces recorren las bodegas bandas de música tocando canciones húngaras tradicionales, o los propios grupos de húngaros, tras unos cuantos vinos, se animan a cantar.

Respecto al nombre de este valle, ya que la pregunta es obligada, mencionar que no es que las mujeres aquí sean más hermosas que el resto de húngaras (que ya son muy hermosas de por sí). Probablemente el nombre de este lugar tenga más que ver con los efectos del vino que con el de un endemismo genético de este lugar.


Vino en las bodegas de Szépasszonyvölgy.


Volviendo a la ciudad de Eger, merece la pena visitar el castillo, situado en la parte alta de la ciudad, con unas excelentes vistas de la misma. El atardecer ofrece, en mi opinión, las mejores vistas, y el precio de la entrada es más barato a esta hora ya que el museo está cerrado (por la mañana el precio es de 1600 forint, mientras que a la tarde es de 800, en este link pueden comprobarse los horarios, aunque está en húngaro).

Mencionar que, pese a la batalla que mencioné antes, Eger acabó cayendo bajo el dominio otomano, y mezquitas, minaretes y baños turcos fueron construidos, dando a esta pequeña ciudad un encanto especial. El eje central de la ciudad es Dobó tér, una plaza de gran belleza situada bajo el castillo. Son muy recomendables las terrazas que hay cruzando el río desde esta plaza, donde puede degustarse el Bikavér, así como recorrer las callecitas que suben por el casco antiguo de la ciudad. Sobre Eger escribí una entrada hace ya tiempo que puede visitarse haciendo click aquí.


Castillo de Eger y vistas de la ciudad desde el mismo.


Pero si las bodegas del valle de las mujeres hermosas son fascinantes, más aún lo es el cercano balneario de Egerszalók. Todo comenzó hace décadas, con unas prospecciones petroleras, que, al perforar la colina situada junto al pueblo, en lugar de oro negro, encontraron manantiales termales. Tras abandonar la zona, estas aguas comenzaron a fluir libremente por la ladera, y sus de sales minerales fueron, con el paso de los años, depositándose y formando una serie de terrazas modificando el paisaje. Hace algunos años se construyó un balneario y un enorme Resort Spa (llamado Saliris), para atraer al turismo termal.


Zona exterior del balneario de Egerszalók, frente a la ladera de sal.
(fuente: salirisresort.hu)


El precio de la entrada para un día completo es de 5.800 forint por persona (unos 19 euros), aunque hay opciones más económicas, como la entrada de 3 horas (3.400 forint) o la entrada a partir de las 17 horas (2.200 forint). Recomiendo esta última, no solo por el precio, sino porque al anochecer se enciende un sistema de iluminación de esta peculiar ladera que va cambiando de color, y verlo sumergido en una piscina de agua caliente es todo un espectáculo. Además de las piscinas externas, hay otras dentro del edificio. La sauna es muy interesante (aunque no está incluida en el precio de la entrada), además tiene una pequeña piscina bajo una cúpula que imita el estilo de un baño turco. Mencionar una peculiaridad, aquí se paga al salir en función de las horas que hayamos estado o de si hemos utilizado la sauna (se controla con un pulsera magnética que te dan al entrar). Al menos así era las dos veces que yo he estado. Hay gente que no sabe lo de la sauna, ya que se accede por un torno y no está especialmente indicado el precio, y luego se sorprende al salir y ver el suplemento en el ticket (otros 2000 forint extra). En este enlace pueden verse los horarios y los precios, en inglés.


Terrazas de sal en la ladera junto al balneario, un atípico paisaje que podemos ver en este pequeño pueblo termal del norte de Hungría. Esta formación sigue creciendo con el paso de los años, y lo hará mientras el manantial esté activo.
(fuente: salirisresort.hu)


Por último, dentro de la propia ciudad de Eger, hay un balneario interesante (aunque no tan particular como el de Egerszalók), situado junto al parque, llamado Egri Termál és Strandfürdo. Es un complejo con piscinas de natación, termales y baño turco. Si solo hay tiempo para visitar uno de ellos, recomiendo el de Egerszalók. El de Eger en un buen balneario, pero sin la exoticidad de bañarte frente a una ladera salina, un paisaje que existe en muy pocos lugares del planeta.

En nuestro caso, estuvimos visitando la ciudad por la mañana, y por la tarde fuimos al balneario de Egerszalók, yendo por la noche al Valle de las mujeres hermosas. Concentrar todo esto en un solo día puede ser demasiado, pero yo ya había estado en Eger previamente. Visitar la ciudad por primera vez y de manera tranquila requiere dos días, pudiendo dedicar sendas mañanas a la propia Eger, una tarde al balneario y otra a Szépasszonyvölgy.


Ventanas de los pequeños hoteles del centro de Eger, y sombrillas sobre las terrazas de los bares y restaurantes donde se puede degustar el famoso Bikavér.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Viaje por bodegas y balnearios de Hungría (II) : 24 horas por la Budapest imperial

Comenzamos el primer día (y único de este viaje en la capital) desayunando en el New York Café, sin duda la cafetería más espectacular de Budapest y una de las más bellas del mundo. Inaugurada en 1894 dentro del edificio construido por la New York Insurance Company (de ahí su nombre), reunía a importantes escritores húngaros. En el año 2001 se inició la renovación del edificio, convirtiéndose en un hotel de lujo de la cadena Boscolo, que también renovó la cafetería, haciendo que mantuviese su esencia y diseño originales. Hoy en día uno casi se siente como la emperatriz Sissi tomando un delicioso Caffe Latte, una de las deliciosas tartas que ofrece la repostería húngara, o un desayuno completo. Aunque eso sí, la nobleza húngara ha sido reemplazada por los turistas europeoa, americanos y asiáticos. Los precios son bastante elevados, pero sin embargo la visita es prácticamente obligatoria. Adjunto un link con las cafeterías más espectaculares de Budapest, por si preferís ir a otra.


Interior del New York Café de Budapest.


Una vez hemos cogido fuerzas, comenzaremos nuestro paseo por Budapest por la joya de la corona: el Parlamento húngaro (el tercero mayor del mundo por sus dimensiones, tras el de Bucarest y el de Buenos Aires). Os dejo otro link con una entrada de este mismo blog en la que escribí sobre el parlamento, aunque advierto que hay una importante novedad: la visita ya no es gratuita para los ciudadanos de la UE, sino que ahora deben abonar 8 euros (2.400 forint). Para los ciudadanos de un país que no pertenezca a la UE es incluso más caro: 20 euros (6.000 forint). La visita dura unos 45 minutos, y se realiza en grupos guiados. Hay visitas con guía en español, por lo que recomiendo ir por la mañana al centro de visitantes (bajando unas escaleras que hay en la calle, en el lado norte del parlamento) y elegir la hora que nos venga bien, comprar las entradas y volver a la hora de la visita. Tampoco se pueden hacer ya fotos de la sagrada corona húngara (antes se podía hacer sin flash), aunque durante el resto de la visita pueden hacerse fotos y vídeos con total libertad.


Parlamento de Budapest, desde la orilla de Buda.


Interior del parlamento de Budapest, parte del recorrido de la visita guiada.


Muy cerca del parlamento se encuentra la impactante basílica de San Esteban (Szent István bazilika), segunda visita de nuestro recorrido. La entrada a la basílica es gratuita, pero merece la pena pagar los 2 euros (600 forint) que cuesta subir al espectacular mirador de su cúpula, con una las mejores vistas de Budapest (probablemente la mejor tras el Bastión de los pescadores). Junto a la taquilla, situada a la entrada derecha de la catedral, se inician casi 300 escalones, que podemos ahorrarnos subiendo por el ascensor situado en el lado izquierdo según se entra (el contrario, pero primero hay que adquirir los tickets, ya que al salir del ascensor arriba nos los pedirán). Una vez allí se puede tomar un segundo ascensor hasta prácticamente el mirador, que nos permite subir unos 8-10 escalones solamente en lugar de los casi 300 mencionados. No hay diferencia de precio por subir o las escaleras o usar el ascensor, aunque en verano sí es cierto que puede acumularse una larga cola para esperar el ascensor.


Basílica de San Esteban. El mirador se encuentra en la balconada bajo la cúpula central gris.


La tercera parada es la Ópera de Budapest. Situada en la elegante avenida Andrássy, ofrece visitas guidas en español, donde nos explicaran como Austria permitió su construcción con la condición de que las dimensiones no podían ser mayores que las de la ópera de Viena, por lo que los húngaros dedicaron todo el esfuerzo al interior de la misma, logrando una acústica y una belleza que supera con creces las de la vecina Austria. El precio de la entrada es de unos 10 euros (2990 forint).


Ópera de Budapest, desde la avenida Andrassy.
(fuente: wikipedia)


Para reponer fuerzas, un buen plan es comer en alguno de los restaurantes del barrio judío de Budapest: Mazel Tov o Kőleves son mis favoritos. Después, a la tarde, toca hacer la digestión y relajarse en alguno de los elegantes balnearios de Budapest: los Szechényi, situados en el parque de Városliget, los Géllert, en el hotel homónimo, junto al puente Szabadság, o los Rudas (baños turcos, que además tienen una piscina en la azotea, al aire libre, con vistas del Danubio que quitan el hipo, sin embargo a estos últimos solo pueden entrar hombres o mujeres según el día de la semana, aunque los findes y por las noches pueden acudir chicos y chicas juntos).


Piscina exterior del balneario de Szechényi.

Azotea de los baños Rudas, con una piscina exterior que atesora unas vistas impresionantes del Danubio y la ciudad.


Un plan obligatorio, especialmente si es la primera visita a Budapest, es realizar un viaje en barco por el Danubio, desde el que se pueden contemplar casi todas las joyas arquitectónicas de la capital, así como sus espectaculares puentes. Generalmente dura unos 45 minutos y suelen regalar una bebida a bordo. Los tickets rondan los 10 euros. Os dejo un link de la empresa Mahart, que es la que mejor conozco, con horarios y precios en este link en inglés. Los barcos salen de Vigadó tér 5/A, donde está el embarcadero, en ese mismo lugar hay una pequeña oficina donde se pueden comprar los billetes. Además dan una ficha que se puede canjear en el barco por una consumición. Os recomiendo tomar el barco coincidiendo con la puesta de sol, ya que es cuando encienden las luces y la iluminación de los monumentos.


Vista del parlamento desde el barco del Danubio, al atardecer.


Y finalmente, para cerrar la jornada, tras 24 intensas horas en Budapest, una buena idea es visitar algún Ruin Pub, siendo el más famoso de ellos el Szimpla, donde puede degustarse una buena cerveza húngara (Dreher, Soproni...) o un chupito de Pálina (aguardiente húngaro) para los más atrevidos, y así finalizar nuestro primer día en la capital húngara.
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